La trampa del tamaño en las empresas
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La trampa del tamaño en las empresas

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En el mundo abundan las políticas públicas bien intencionadas; sin embargo, sus resultados suelen ser contrarios a sus objetivos. Un conjunto de estas políticas son las basadas en el tamaño de las empresas. Sus efectos suelen ser contrarios a los esperados. Al fin de cuentas, una política solo es tan buena como su resultado. ¿Ejemplos de políticas basadas en el tamaño de las empresas? Aquellas que establecen menores tasas de impuestos.

También se encuentran las que establecen menos regulaciones laborales para empresas más pequeñas. O menos regulaciones de diferentes tipos. También existen las tributarias de índole diversa, como el pago de anticipos. En el debate local se ha invocado la figura del monotributo, en más de una ocasión. Teóricamente, es un tributo que abarca impuestos como el de las rentas, el impuesto al valor agregado (el ITBIS local) y aportes a la seguridad social.

El monto pagado cada mes suele estar determinado por el nivel de ingresos de la empresa. La ventaja de reducir costos de pagos es la más socorrida, con toda razón. Sin embargo, al igual que otras políticas de este tipo, tiene sus efectos negativos. Un monotributo, como otras políticas similares relacionadas con el tamaño de las empresas, tiene su trampa interna. En sentido particular, se le podría llamar “trampa del monotributo”.

En sentido general, cae dentro de “la trampa de tamaño”. Llega un punto en el que las empresas deciden no seguir creciendo. Tal y como sucede con otros regímenes especiales, es lógico que si un empresario se acomoda a un régimen privilegiado, trata de mantenerlo. La política pública crea el incentivo a no crecer. De ahí el nombre de “trampa de tamaño”. Las alternativas serán variadas.

Es posible buscar diferentes mecanismos, incluso que perjudiquen al fisco, para ralentizar las ventas declaradas. En tal sentido, una posibilidad es buscar la forma de no registrar las ventas en la entidad. Evitar el crecimiento implica dejar de vender más; evitar el esfuerzo por ser una empresa más grande, con mayor contratación de personal e inversiones de capital. Se genera un proceso económico de acumulación de empresas micro o pequeñas.

La política bien intencionada crea un efecto adverso. Instituye un techo al crecimiento de las empresas, y al de la economía nacional. Hemos advertido sobre “la trampa de tamaño” en diferentes oportunidades con respecto a políticas que, con la intención de reducir costos o buscar maneras de formalización, tendrían consecuencias no deseadas. Sin embargo, si se establecieran otras políticas no sería necesario recurrir a las dirigidas al tamaño.

El más reciente caso en el país es la Ley 30-26. La modificación al sistema tributario que, entre sus medidas introdujo dos esquemas de anticipos de acuerdo con el tamaño de las empresas. También introdujo una tasa diferenciada de impuesto sobre la renta. Una tasa mayor. Con respecto a la introducción de dos nuevos esquemas de anticipos, para llevar el total a tres, el sistema tributario fue convertido en uno más complejo.

Los tres anticipos dependerán de la clasificación por tamaño: 1) grandes y medianas, 2) pequeñas y 3) microempresas. La medida pudo haber sido evitada. Al igual que se pudo eliminar demandar un monotributo, o cualquier otro tipo de política tributaria diferenciada. Cuando las reformas están dirigidas a simplificar el sistema tributario y a eliminar distorsiones, se logran incentivos al crecimiento.

Fuente: Economía